LA COBRA: YEGUAS Y TRILLA.

Reflexiones a propósito de la Cobra Campeona del Mundo

Manejo de la Cobra de la Yeguada Mater Christi en la Finca.

Anadie se escapa la importancia que para la humanidad ha tenido el caballo a lo largo de nuestro devenir histórico. Medio de locomoción, animal de trabajo y de guerra, el noble bruto ha servido al hombre para casi todo. Entre las muchas faenas agrícolas en las que su colaboración fue decisiva destaca la trilla. Se denomina trilla a la operación que se hace con los cereales, tras la siega o cosecha, para separar el grano de la paja. Como luego veremos, esta definición no es del todo correcta. Desde muy antiguo los agricultores buscaron ayuda para acelerar esta tediosa y trabajosa faena. Ya los egipcios emplearon animales en ayuda de dicha labor y emplearon para ello ganado vacuno. Un hermoso ejemplo de la realización de este trabajo nos ha llegado en una estupenda pintura tebana de la época del faraón Tutmosis IV, gracias a la cual nos podemos hacer una idea de cómo se laboraba en tan remotos tiempos.

Escena de trilla hacia 1411 a. C.
Tumba de Menna (TT69) · Sheij Abd el-Qurna, Tebas (Egipto)

Los griegos, que por carecer de cursos fluviales de relevancia, no fueron precisamente grandes cultivadores de cereales, desconocían el trillo, pero dieron cierta importancia a la faena, hasta el punto de que fue uno de los temas de diálogo de el Económico tratado escrito por Jenofonte, uno de sus grandes filósofos y escritores, nacido en 431 a. de C. y muerto en 354. En su obra, redactada; como decimos, en forma de diálogo, se lee:

Sócrates: Es verdad, Ischómaco; pero yo quisiera ahora ver si igualmente sabia el modo de trillar. Ischómaco: ¿Y sabes que las bestias son las que trillan las mieses?. Sócrates: ¿Pues no he de saberlo? Ischómaco: Doy también por supuesto que no ignoras, que baxo el nombre de bestias se entienden bueyes, machos, mulas y caballos. Y paso á preguntarte; ¿sabes que estos animales únicamente saben pisar y quebrantar la mies? Sócrates: Pues cómo quieres que yo suponga en ellos otros conocimientos? Ischómaco: ¿Y á quién incumbe que la parva se desmenuce, como conviene, y se trille por igual? Sócrates: ¿Quién duda eso? á los trilladores. A estos toca tornar y revolver la trilla, poniendo baxo los pies de los animales lo que no está trillado, para que de este modo vaya por igual, y se acabe quanto ántes. Ischómaco: Con efecto sabes tan bien trillar como yo mismo. [Usamos la traducción de Ambrosio Ruiz Bamba, Madrid, Imprenta de Benito Cano, 1786, págs. 188-189]

Los romanos sí que conocieron el trillo y, bien que mayormente en las colonias (Hispania y las del norte de África sobre todo) trillaron mucho. Por eso no es de extrañar que Columela, el mejor tratadista agronómico romano, nacido en Cádiz a comienzos de la era cristiana, tratara el tema. En su célebre Los doce libros de agricultura podemos leer:

Pero si sucede que se trille la mies en la era, no hay duda alguna que ésta operacion se hace mejor con caballos que con bueyes; y si hay pocos pares podrás ponerles á cada uno un trillo ó un carro sin ruedas; pues éstas dos cosas desbaratan las cañas muy fácilmente.  [Citamos por la traducción de Juan María Álvarez de Sotomayor y Rubio, Madrid, Imprenta de Miguel Burgos, 1824, Tomo I, págs. 89-90]

Escena de trilla, finales del siglo I.
Mosaicos de Zliten · Villa Dar Buc Ammera · Musée As-Saraya al-Hamra · Trípoli (Libia)

Vemos como el gaditano es partidario del empleo de caballos en detrimento de los bueyes, especialmente cuando éstos eran pocos. Un precioso mosaico (procedente de la villa romana de Dar Buc Ammenra (Libia) nos muestra el apoyo de los equinos en las labores de trilla. Como podemos apreciar, el trabajo se hacía a animales sueltos y a simple huello; es decir, empleando únicamente los suelos de los animales para que con sus cascos realizasen la trilla. Esta es la razón, precisamente, de que se prefiriese el ganado equino al vacuno, pues la planta de las pezuñas de aquellos es mucho mayor que la de éstos. Además, el hecho de que los segundos sean artiodáctilos (animales que tienen un número par de pezuñas, con dos de ellas mucho más desarrolladas, por lo que se les llama de pezuña hendida, o partida) implicaba un huello menos contundente y la pérdida de grano en la hendidura que presenta la pezuña partida. No se debió tardar mucho en comprender que la labor se podía hacer mejor con los animales uncidos, tanto si fuesen de vacuno como en el caso de los equinos. Y es así que nace el concepto de cobra.

            El Diccionario de la Real Academia dice en esta palabra:

            cobra. 2 f. Cierto número de yeguas enlazadas y amaestradas para la trilla.

Es de señalar que los señores académicos no fijan el número de animales que componen una cobra pero sí señalan que deben ser hembras, que deben estar enlazadas y amaestradas al efecto. Por desgracia, no se extienden en la etimología de la palabra, pues dicen únicamente: Del lat. copŭla.  Esto ha llevado a confusiones y fantasías hechas, no lo dudamos, con buena intención, pero carentes de rigor. Tradicionalmente se explica el origen de esta palabra en el hecho de que había personas que se dedicaban a ir por los pueblos con sus yeguas hermanadas para la trilla, ofreciéndose a realizar el trabajo, trabajo por el que naturalmente se cobra, y de ahí vendría el llamar a estas yeguas con ese nombre. Ramón Cabrera, en su obra póstuma Diccionario de etimologías de la lengua castellana, publicada por Juan Pedro Ayegui, en Madrid, en la Imprenta de Marcelino Calero, en 1837, acertadamente dice (Tomo I, página 174):

COBRA. n. f.- La reunion de unas cuantas yeguas que handan hermanadas y juntas ‘siempre por el campo.

2º. En Andal. y Extremad. el número de cinco ó mas yeguas aparejadas para trillar.

Vino de Copula, ae, n. f. lat. que significa junta, reunion.

Copula >> Cob.ra

El sacerdote segoviano, eminente etimólogo (fue consejero de Estado y prior de Arróniz (Navarra), además de canónigo de Olivares y bibliotecario de la Casa de Alba; experto latinista estudió la lexicografía académica, ocupando la silla R en la Real Academia Española en 1791. El 29 de marzo de 1814 fue elegido noveno director de la Real Academia Española pero el 18 de octubre de ese mismo año fue destituido y expulsado por Fernando VII. Durante el Trienio Liberal fue readmitido de nuevo y ocupó la silla N entre 1820 y su muerte, en Sevilla, en 1833), nos informa con mayor exactitud y por él captamos que cobra significa junta. De este modo, es comprensible que la condición sine qua non para poder hablar de cobras es que han de ser necesariamente varios animales.

El hecho de trillar implicaba no sólo la separación del grano de la paja, sino, además, el desmenuzamiento de ésta última; por eso dijimos antes, al dar la definición de trilla que ésta no era del todo correcta, pues no se hacía referencia en ella a esta circunstancia. Por tal motivo, cuando se deseaba conservar la paja con cierta integridad se procedía de diferente modo; y, en lugar de llamarlo trilla, se llamaba maja. En ese caso se golpeaban las gavillas de cereal contra una piedra majadera, o una tabla llamada tarugo majadero. Las gavillas se sujetaban con las dos manos cogido el manojo por los tallos, y la espiga se sacudía contra la superficie de majar; así, ésta se desgranaba y soltaba la semilla. Se usaba para pequeñas cantidades y tenía la ventaja de que la limpia posterior era más fácil. Aunque el procedimiento no era tan efectivo como los otros sistemas, pues dejaba algunos granos en las granzas.  La otra opción era la maja con mayal. El mayal era un sencillo apero compuesto por un mango de madera largo y fino atado a una maza, también de madera, más corta y estrecha, con la que se golpea la parva hasta separar la semilla del tallo. Este sistema fue poco utilizado en la Península Ibérica, limitándose su uso a Galicia, la cornisa cantábrica y los Pirineos.

Escena de maja con mayal, siglo XIII.
Martirologio de Saint-Germain-des-Prés · Manuscrits, Latin 12.834, fol. 64v.
Bibliothèque nationale de France, París (Francia)

La importancia de esta labor agrícola fue grande desde la Edad Media hasta mediados del siglo XX, en que la mecanización del campo hizo que desapareciera. Por ello, las diversas legislaciones, dada su importancia, trataron este asunto. No es posible aquí ser exhaustivos, pero merece la pena ver algunos ejemplos. El fuero de Alfonso IX (1171-1230, rey de León desde 1188) decía en su Ley XV:

Qué pena ha el que trilla con bestias agenas sin licencia de su señor.

Quien bueyes, ó bestias metiere en su era para trillar sin mandato de su dueño, peche [pague] por cada cabeza quatro maravedis; è si por aventura bestia, ò buey y [allí] muriere, peche otro tan bueno à su dueño y el precio que valiere con la pena sobredicha: è si no muriere, y alguna lision y presiere, peche al dueño otra tal que fuere, con la pena del doblo. [Citado de El fuero real de España, diligentemente hecho por el noble rey don Alfonso IX: Glosado por el egregio doctor Alonso Díaz de Montalvo, en Madrid, en la Oficina de Pantaleón Aznar, 1781, Tomo II, págs. 399-400].

Poco más tarde, en 1241, casi en el mismo sentido, pero con un matiz interesante, el Fuero Juzgo, ordenado por Fernando III el Santo (1201-1252, rey de Castilla desde 1217 y de León desde 1230) y que es una traducción libre del Liber Iudiciorum (de 654, en época visigoda) y que tuvo preeminencia incluso sobre Las Siete Partidas a partir de 1384, regulaba en el Libro VIII, Título IV, Ley XI:

XI. Si algun omne trilla pan en era con ganado aieno.

Todo omne que mete caballo aieno, ó yegua, ó otra animalia por trillar sin voluntad, de so sennor , por cada cabeza de animalia peche un sueldo, é demas otra tal animalia al sennor. [Fuero Juzgo en Latín y Castellano, cotejado con los más antiguos y preciosos Códices, por la real Academia Española, Madrid, Ibarra, Impresor, 1815, pág. 143].

El matiz que señalábamos es que aquí se habla fundamentalmente de animales caballares, que evidentemente son los que nos interesan. La legislación no varió mucho con el paso de los años, protegiendo siempre a los dueños de yeguas; y así podemos leer en la Colección de Leyes, Reales decretos y órdenes, acuerdos y circulares pertenecientes al ramo de Mesta desde el año de 1729 al de 1827, compilado por Matias Brieva, en Madrid, Imprenta de Repullés, en 1828:

Para evitar los perjuicios que suelen experimentar las yeguas en el tiempo de la trilla, y horas de suelta y descanso, ó por destinarlas á este trabajo en sus propios pueblos á mucha distancia de sus dehesas y rastrogeras, ó en pueblos distintos á donde sus amos las envian para dicha faena, se encarga muy particularmente a los justicias no impidan que las mencionadas horas durante el tiempo de la trilla pasten y descansen las yeguas en los rastrojos, ribazos ú otros terrenos cercanos á las parvas , y en los que se hayan criado las mieses que beneficien; y cuando por arbitrio ú otro motivo se vendiere la espiga y rastrogeras de dichos terrenos, ha de tenerse en consideración dicho disfrute de las yeguas; el cual no ha de entenderse á mas tiempo que el preciso á los dias que durare la trilla, porque concluida esta faena deberán retirarlas á su dehesa si son del pueblo, ó al suyo si son forasteras. [Pág. 240].

Este precioso texto nos habla, es preclaro, de la consideración en que se tenían a las yeguas de la trilla, o, lo que es lo mismo, a las cobras, tema de nuestra reflexión.

El siglo XIX mantuvo la tradición y disponemos de un interesante texto que nos indica cómo se trabajaba entonces:

… se van echando y estendiendo [en la era] las garbas de trigo sobre las cuales se ponen á dar vueltas la mulas, yeguas, potros y demás caballerías que existen ó se puede proporcionar en las casas de labor. Para coadyuvar al efecto producido por los pies de los animales empleanse varias máquinas llamadas trillos… [Francisco de P. Mellado: Diccionario de agricultura, de minas, etc (versión española del de M. C. Laboulate), en Madrid, establecimiento tipográfico de Mellado, 1856, Tomo I, Pág. 354].

Como vemos, no sólo unas yeguas, sino cuantas caballerías hubiere y, si era posible, con la ayuda del trillo. Sin embargo todo lo dicho, las mejores faenas de trilla se realizaban con yeguas preparadas al efecto, y éstas son las que dieron lugar a las cobras en su sentido más correcto. Si se usaban con trillo, eran manejadas por su conductor, el trileque; la que se uncía a la camaleja (especie de balancín pequeño, en ocasiones, una simple argolla) del mismo, se llamaba yegua de mano (actualmente la más próxima, en los Concursos, al presentador); la del otro extremo, se conocía como yegua de cabo, y debía ser más ágil y fuerte que sus compañeras, dado que quedaba en la parte exterior del círculo de la era, y forzosamente iba más veloz y recorría más espacio; la de mano, por el contrario, debía ser más tranquila y parada (en las cobras de cinco yeguas se denominan: yegua de mano, de trasmano, de cruz, de antecabo y de cabo). Se unían entre sí por collarines, colleras o collarones que solían llevar al menos una esquila, para hacerse oír y, por tanto, localizar. El número variaba. Con trillo, lo más frecuente eran dos o tres. Cuando se hacía la trilla a huello limpio el número se ampliaba, lo más normal cinco, siete o, más raramente, seis y; si estaban paridas, las rastras también colaboraban. En este caso el gobierno lo hacía un yegüero, a veces llamado hombre de cobra.

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La Cobra de la Yeguada concursando.

El vigente Reglamento de Concursos Morfológicos-Funcionales Pura Raza Española (publicado por ANCCE en 2016), al hablar de las Secciones que lo componen, dice:

Artículo 71.- Las secciones.

Todos los ejemplares que sean presentados a un Concurso Morfológico – Funcional, se ordenarán por secciones, según sus edades comprobadas en las cartas genealógicas, que se computarán por años naturales, a partir del 1 de enero del año que los cumpla y serán distribuidas de la forma siguiente:

(Nota: las Secciones 1o y 2o potras y potros de un año no se consideran recomendables para el desarrollo de los potros, por lo que de ser incluidos en algún concurso no computaran a ninguno de los efectos oficiales).
– Sección 3a (Potras de 2 años).
– Sección 4a (Potros de 2 años).
– Sección 5a (Potras de 3 años).
– Sección 6a (Potros de 3 años).
– Sección 7a (Yeguas de 4 años).
– Sección 8a (Sementales de 4 años).
– Sección 9a (Yeguas de 5 y 6 años).
– Sección 10a (Sementales de 5 y 6 años).
– Sección 11a (Yeguas de 7 o más años).
– Sección 12a (Sementales de 7 o más años).
– Sección 13a (Cobras de 3 yeguas).
– Sección 14a (Cobras de 5 yeguas).

Como vemos, las dos últimas Secciones se destinan a Cobras, de tres y cinco yeguas, respectivamente.
Nada dice de la edad, pero al hablar de yeguas, debe entenderse que han de tener como mínimo cuatro años.

El siguiente Artículo, el 72, afecta también a las Cobras y dice:

Artículo 72.- En los Concursos de cualquier categoría serán obligatorias las secciones 3a, 4a, 5a, 6a, 7a, 8a, 9a, 10a, 11a, 12a y 13a. Se podrá calificar la sección 14a pero no optará ni contará para los Premios Especiales.

Por él vemos que las Cobras de tres yeguas son obligatorias y preeminentes sobre las de cinco. También el Artículo 83, dedicado a los Premios Especiales, se refiere en parte a las Cobras y señala en el punto 1º que para optar a la Mejor Ganadería se ha de cumplir, entre otras, la siguiente condición:

Presentar ejemplares en, al menos 6 secciones, en las que será obligatoria la presentación de una yegua reproductora de cualquiera de las secciones 7ª, 9ª o 11ª, un semental de cualquiera de las secciones 8ª, 10ª o 12ª y una cobra de la sección 13ª.

Más adelante, en el mismo Artículo, se señala:

La sección 13ª computa para el cálculo como una sección individual y por tanto, se suman los puntos que establece el ANEXO V al total de la ganadería y añade una unidad al número de ejemplares presentados por dicha ganadería. Los ejemplares de la sección 14ª no computarán para el cálculo del premio a la Mejor Ganadería, si bien serán, de darse el caso, el primer criterio de desempate.

Ante un empate, se resolverá a favor de aquella ganadería que haya:

  1. Presentado cobra de cinco yeguas.

En definitiva, la Cobra de tres yeguas es fundamental para la obtención del Premio a la Mejor Ganadería (y al Mejor Expositor; siendo la diferencia que en este caso, los animales no tiene que ser necesariamente criados con un mismo código de ganadero).

El Anexo III contiene las fichas de calificación, que para el caso de las Cobras (tanto de tres como de cinco yeguas) establece un total de siete notas: Movimientos, Manejabilidad, Presentación, Uniformidad de capa, Calidad y uniformidad de alzada, Calidad y uniformidad conformación; y, finalmente, Calidad y uniformidad caracteres raciales. En cuanto al aporte de puntos para el Premio a la Mejor Ganadería (o Mejor Expositor) el Anexo V establece un máximo de 22 puntos (si la Cobra queda en Primera posición) y un mínimo de cero puntos cuando queda por debajo de la 19ª posición; es decir, a partir de la vigésima.

Dicho todo esto, se comprende que en la actualidad los ganaderos de caballos Pura Raza Española inviertan esfuerzos considerables en mantener en sus casas buenas Cobras; más teniendo en cuenta que los Reglamentos anteriores trataban a las Cobras de muy parecida manera. Este es el caso de YEGUADA MATER CHRISTI, que con la Cobra formada por las yeguas ESTAMPA MATER, DISTINGUIDA MATER y EMBLEMA MATER, hijas las tres de la tri-campeona de España TRIUNFADORA XXX ha logrado el codiciado galardón de MEJOR YEGUADA DEL MUNDO y, a la vez, poniendo a la Cobra en lo más alto del listón: Medalla de Oro y, por lo tanto, la primera Cobra de la historia Campeona del Mundo.

 José L. Martos

PARA SABER MÁS:

Además de las fuentes citadas en el texto, se pueden completar datos en:

 Fray Miguel Agustín:
Libro de los secretos de Agricultura.
Luys Roure librero, Perpiñán, 1626, 654 pp. [especialmente pp. 233-234]

 Pedro Sáez Fernández:
Agricultura romana en la Bética.
Autoedición, Écija, 1987, 258 pp.

 José Luis González Torices y Germán Díez Barrio:
Aperos de madera.
Ámbito Ediciones, Valladolid, 1991, 211 pp.
[Especialmente el «Capítulo IV, La Trilla» pp. 135-161].

José Mª Blázquez Martínez
“Técnicas agrícolas representadas en los mosaicos del Norte de África”.
En: Los pueblos de España y el mediterráneo en la antigüedad. Estudios de arqueología, historia y arte,
Madrid 2000, pp. 710-724.

 [José L. Martos]
“Palabras del y para el PRE: Cobra”
En: Revista Ecuestre, nº309, noviembre 2008, pp. 32-33